Las sombras de la calle 21

No es más que otra tarde en la avenida, el sol brilla con intensidad, siento arder mi piel bajo los rayos de luz. A lo lejos, el baile de las siluetas evaporadas ocurre en un frenesí lleno de color. El sonido de los automóviles moviéndose por el gris pavimento llena el ambiente; cacofonía sin igual se suma al extraño espectáculo de monstruos metálicos y jaulas de piedra.

Dirijo mis pasos por la interminable línea de la acera; una sombra caminando entre recuerdos sombríos; siento que me miran con sus expresiones vacías, o eso me parece… en realidad no importa. El camino se hace infinito, la gente va y viene, y el camino continúa siendo testigo mudo de incontables pasos.

¿Las sombras tienen memoria?¿Cuál es la esencia de sus recuerdos? Seguramente rancias, formadas de múltiples delirios; producto de la lujuriosa unión de los deseos y los miedos, la efímera realidad no importa, solo mantener ardiendo la locura.

Y sucede que me detengo, ojalá el tiempo hiciera lo mismo. Observo el paisaje, no veo nada; levanto mi cara al cielo, utilizando mi gastado olfato respiro una cantidad generosa de aire en mis pulmones, no huelo nada; olvido que soy una sombra. Me pregunto si todo esto es real. ¿Y qué importa que así lo fuera?

Sigo mi camino, es interminable. Los intensos rayos de sol queman mi piel. Dicen que la luz más intensa también crea las sombras más oscuras.

Y yo… soy una sombra.